DIENTES DE NAVARINO

EL TREKKING MÁS AUSTRAL DEL MUNDO

El trekking de los Dientes de Navarino, el más austral del mundo, es un trekking salvaje. Su naturaleza prístina, el clima extremo, la soledad y la inmensidad del entorno sólo se encuentran en este rincón del mundo.

 

Esto fue lo que vivimos al recorrer este trekking: 4 días de caminata inolvidables entre montañas, bosques, turba, lagos y ríos australes.

EL COMIENZO

Nuestro viaje empezó en Punta Arenas donde nos fue muy difícil encontrar pasajes, con tan poca anticipación, en la avioneta que llega a Puerto Williams. Eso significó que tuviéramos que viajar en un ferry de 33 horas que sale una vez a la semana con provisiones para abastecer la isla Navarino.

 

Después de 35 horas de navegación donde pudimos maravillarnos con las vistas de los glaciares del brazo noroeste del canal Beagle, llegamos a nuestro destino para dormir por una noche en un acogedor hostal familiar. Al día siguiente, luego de comprar las últimas cosas y con nuestras mochilas equipadas, caminamos por 45 minutos por un camino de ripio hasta llegar a la base del cerro Bandera, el inicio del trekking.

LA HUELLA

Seguimos la huella, entre bosques de coigüe, lenga y ñirre, hasta llegar a los casi 600 m.s.n.m. que tiene la cumbre del cerro Bandera donde ya no hay más bosque pero sí unas vistas espectaculares de Tierra del Fuego, el canal Beagle, Puerto Williams y la cordillera Darwin. Continuamos nuestro camino por la escarpada ladera, por la que pasaba la huella, hasta divisar a lo lejos lo que sería nuestro primer campamento: la laguna del Salto. En este lugar, y por primera vez, tuvimos contacto con otros caminantes del circuito.

 

Seguir la huella en este trekking requiere de mucha atención, ya que a diferencia de otras rutas el camino no está bien marcado y la señalética es bastante escasa (38 hitos en 38km). Lo único que queda es guiarse por los hitos geográficos, las pisadas frescas en la huella que se pierde y algunos monolitos de piedra marcados con pintura roja.

EL CLIMA

Era enero, y a pesar de nuestro cansancio y de que ya eran las 11 de la noche, la luz del día se rehusaba a desaparecer. A las 12 nos dimos por vencidos, apagamos la fogata y nos fuimos a dormir para prepararnos para la caminata del día siguiente.

 

A la mañana siguiente, abrimos las carpas y vimos el paisaje teñido de blanco: había nevado toda la noche. Luego de la sorpresa, levantamos el campamento y nos preparamos para seguir el camino. La huella nos llevaba por una pronunciada pendiente, por la que bajaba un riachuelo, que nos condujo al paso Australia. Caminamos por la nieve, que a ratos nos llegaba hasta las rodillas y bajo una tormenta que no nos dejaba ver muy bien. Finalmente, logramos llegar al paso Australia donde nos sorprendió la vista de una laguna que nos deslumbró con su luminosidad.

LLEGA EL CANSANCIO

Al seguir el recorrido hasta nuestro próximo hito, el paso de los Dientes, nos encontramos con uno de los puntos más difíciles del trekking: una pendiente muy pronunciada que teníamos que atravesar y estaba cubierta de nieve. Intentando no dar pasos en falso a pesar de la nieve y el viento, llegamos al paso de los Dientes donde cruzamos el cordón de los Dientes de Navarino por primera vez para encontrarnos con el sur de la isla.

 

Cuando el clima y el terreno nos lo permitió y con ganas de llegar rápido al segundo campamento, aceleramos el paso. Luego de un rato, vimos erguirse ante nosotros el cerro Gabriel y la laguna de los Dientes, donde íbamos a armar las carpas para pasar la segunda noche.

CAMBIA EL PAISAJE

Al igual que la noche anterior, preparamos la fogata que secaría nuestros zapatos y prendas mojadas, y recargamos energías. A la mañana siguiente, nos despertamos con un sol radiante que nos acompañaría todo el día. Nos dirigimos al paso Ventarrón, que le hizo horno a su nombre con vientos que casi podían derribarnos con mochila y todo. Con paso firme, pasamos también el paso Guerrico para llegar a la laguna Martillo que nos acogería para pasar nuestra última noche. Seguimos hasta el final de la laguna para aprovechar el día soleado y porque al día siguiente nos tocaba recorrer varios kilómetros hasta el final del trekking. Con el estómago lleno, nos pusimos a dormir ansiosos por nuestro último día de caminata.

EL PUNTO MÁS ALTO

A primera hora de la mañana, nos levantamos para continuar nuestro camino. Sobre un terreno irregular y paisajes de lo más variados, nos dirigimos, sin descanso, hasta el hito 33 en el comienzo del paso Virginia. La niebla no nos dejaba ver los monolitos para continuar, por lo que tomamos un descanso hasta que se despejó el cielo. Finalmente, llegamos al punto más alto del trekking donde nos recibieron hermosas vistas del canal Beagle y la laguna Guanacos a la que que teníamos que alcanzar en el descenso. Con mucho cuidado empezamos a bajar la escarpada pendiente donde el viento hacía tambalear nuestros pasos. Finalmente, hicimos una parada en la laguna, hicimos una parada y luego continuamos para introducirnos de nuevo en el bosque hasta llegar al encuentro del camino que conecta con Puerto Williams.

LA LLEGADA

Para nuestra alegría, justo cuando salíamos del trekking paró una camioneta para llevarnos los 7km que nos distanciaban de Puerto Williams y de la anhelada ducha, la comida y la cama que nos esperaban en el hostal.

 

¡Lo habíamos logrado! Después de 4 intensos días de caminata, habíamos terminado nuestra travesía por los Dientes de Navarino, una experiencia que hay que vivir.

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